Enrique Lanz, director de la Compañía Etcétera, concibió la idea de elaborar la Historia de Babar como un espectáculo en dos fases. En la primera únicamente se representarían el relato del cuento de Brunhoff y el concierto de Poulenc, apenas habría más recursos técnicos que la voz y los gestos del narrador, que simularía estar viendo algo que el público no alcanza a ver. La pretensión sería avivar la imaginación tanto de los niños asistentes a las funciones de Teatralia, en Madrid, como a las de Tionck-Essyl, en Senegal, de manera que a partir de la palabra y la música cada uno de ellos se entregara a una libre creación de imágenes. Con los dibujos de unos y otros, con sus plurales interpretaciones de la historia de Babar, comenzarían los ensayos de la segunda fase, cuya culminación sería el espectáculo definitivo de la Historia de Babar.
Se trataría de bucear en el complejo imaginario infantil y extraer de esa sima las imágenes más inteligentes y conmovedoras.El programa-cuaderno confeccionado para tal fin no es por tanto un simple material didáctico, destinado como tantos a un uso rutinario en el aula, sino una solicitud formal de cooperación. La Compañía Etcétera pretende que La historia de Babar que se represente en el futuro sea la consecuencia de una colaboración entre sus miembros y los primeros espectadores.

Un espectáculo de títeres no puede transformar la realidad, pero sí puede ofrecer argumentos para la reflexión.

La intención es que los niños que asistan a él logren comprender que en este mundo hay personas, sentimientos y formas de vida muy diferentes.